el año pasado (antepasado pero sigue siendo pasado para mí) hice un viaje con una de mis mejores amigas desde la prepa. estar 24/7 juntas nos sirvió para ponernos al corriente sobre nuestras vidas, lo que queremos, lo que leemos, vemos, etcétera, etcétera, etcétera. mucho chismecito, también.


obviamente uno de los temas que platicamos fue mi nueva vida y todo lo que extraño, lo difícil que ha sido, las cosas que me han gustado y etcétera, etcétera, etcétera. en una de esas conversaciones, le estaba platicando que ha sido difícil pero que siempre me preguntaba si no estaba como… exagerando. principalmente porque en mis clases de alemán, tuve muchas compañeras de muchos diferentes países que casi siempre tuvieron que venir a vivir a un país diferente. por muchas razones: escapar de la guerra, escapar de la persecución, buscar una vida mejor, porque no tuvieron otra opción. en una de esas conversaciones, alguien me preguntó qué tan seguido iba a México, a lo que conteste que trataba de ir una vez al año o algo así. en ese entonces todavía trabajaba remoto, entonces era más fácil. otras compañeras contaron cada cuánto iban a sus países y visitaban a sus familias hasta que una de ellas nos dijo que no había podido regresar a su país en más de diez años. su papá se murió y no pudo verlo ni despedirse. ¡lloró (muy justificadamente)! no ha visto a nadie de su familia en este tiempo.
me quedé pensando toda la semana en eso.
fui a ver A Real Pain con los magníficos Jesse Eisenberg y Kieran Culkin. me gustó mucho y como no soy reseñadora oficial de películas, vayan a googlear reseñas profesionales para encontrar razones para verla (que son muchas). la película es sobre un tour en Polonia que dos primos hacen con la idea de visitar el lugar de donde su abuela viene. la abuela era una judía… en Polonia… durante la segunda guerra mundial. no tengo que decir más.
hay una escena en donde todos en el tour van en un tren y Benji (Kieran Culkin) pregunta si no ven la ironía de ser un grupo de personas entre las que se encuentran algunos judíos que van viajando en primera clase en tren a una ciudad donde hay un campo de concentración. las personas ven la ironía pero como uno de ellos dice, ¿qué podemos hacer? aunque te cambies de vagón, tampoco vas a encontrar sufrimiento ahí.
una de las preguntas interesantes que hace la película es, ¿qué sufrimiento es válido?
David (Jesse Eisenberg) dice, “my pain is unexceptional so I don’t feel the need to burden everybody with it”. déjenme les digo que that hit home. y es que es obvio, ¿cómo me voy a estar quejando de que no puedo comer esquites cuando hay personas aquí que literalmente escaparon de la cárcel y tuvieron que viajar ilegalmente a algún país de Europa? (completamente basado en una historia 100% real no fake).
le decía a mi amiga con la que viajé que a veces se sentía raro quejarme de cosas así porque realmente, ¿cuál es la queja? de verdad que vivo una vida de privilegios (aunque sin esquites). y entonces ella me dijo que el sufrimiento de otros no hacía menos válido mi sufrimiento pero que sí ayudaba a ponerlo en perspectiva. y yo no sé en qué momento crecimos y nos hicimos adultas y la misma amiga con la que hablaba de crushes en la prepa ahora es tan sabia.
es difícil pensar que otras personas sufren más o menos y que tu sufrimiento no es único. es aún más difícil reconocer que nuestro sufrimiento es válido, aunque no sea excepcional en el gran esquema de las cosas. y es todavía más difícil de pensar que incluso si nosotros nos “ahorráramos” nuestro propio sufrimiento, eso no ayudaría a que los demás sufran menos.

y si esperaban alguna gran conclusión, no la tengo jaja. sólo quería decir que la película me dejó pensando en eso. no tengo respuestas porque el sufrimiento siempre es subjetivo. como dijo uno de los comentarios en Letterboxd en A Real Pain, siempre vamos a ser extranjeros en el dolor de los demás.

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